Introducción al Apego Infantil

El apego es un vínculo afectivo que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores primarios) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. Hace que el niño busque proximidad y contacto con una figura específica a lo largo del tiempo. Es importante notar que es el hijo quien se apega al cuidador y no viceversa. La madre y el padre no se apegan al hijo.

El niño aprenderá a ser persona de la mano de su figura de apego, quien será su guía en muchos sentidos, primordialmente afectiva. Papá y mamá o cuidador influirán en gran medida en el desarrollo cerebral del hijo. La constitución de su cerebro dependerá de las relaciones de amor con que cuente al ir creciendo. Es por esto que es de vital importancia conocer sobre el tema del apego.

La idea es dejar claro lo básico sobre el apego infantil, así que aquí encontrarán algunos puntos importantes para empezar a conocer este tema de crucial importancia en la familia.

La calidad e intensidad del apego depende de varios factores, algunos determinados por el niño, otros por su cuidador y el medio ambiente. El niño, desde su nacimiento, muestra una serie de conductas que tienen como finalidad producir respuestas en las madres. Las conductas de apego que incluyen señales, movimientos y contactos, son las habilidades con las que el bebé cuenta para vincularse con sus cuidadores. El repertorio va desde la succión, las sonrisas reflejas, el balbuceo, el llanto, hasta la necesidad de ser arrullado. Estas conductas buscan mantener la cercanía con la figura de apego (madre o cuidador primario), resistirse a la separación, protestar si lo separan de su cuidador (llorar cuando no están con mamá), y usarlo como base segura desde la que él puede explorar el mundo. El niño también cuenta con conductas de exploración que la madre detecta en su interacción con él y apoya cuando es seguro. Así, el apego dependerá de varios factores como la capacidad que tiene el bebé de mostrar sus necesidades y la claridad con que lo hace, así como la sensibilidad, prontitud y constancia que tiene mamá de responder a ellas.

El apego es un vínculo afectivo que se desarrolla en un periodo de tiempo. Si queremos que nuestros hijos logren un vínculo afectivo con nosotros desde el cual puedan crecer sanamente, debemos entender que no se formará solo durante los primeros días después de nacer. Aunque el primer momento y las horas subsecuentes juegan un papel importante en el desarrollo del apego, nuestra tarea como madres no acabará al salir del hospital, ni al terminar la cuarentena, ni siquiera al pasar los primeros tres o seis meses. El apego se irá estableciendo y formando a lo largo del tiempo durante la infancia de los hijos. Lo que hagamos o dejemos de hacer tendrá un efecto determinante en su vida actual y futura, a pesar de que alguna actividad parezca insignificante. ¿Quién arrulla a tu recién nacido? ¿Quién alimenta a tu bebé de 5 meses? ¿Quién pone a dormir a tu bebé de 9 meses? ¿Quién pasea a tu hijo de un año y medio? ¿Quién baña a tu hijo de 2 o 3 años? ¿Quién juega con tu hijo de 4 en las tardes? Todas estas experiencias son significativas para los hijos, incluso para el recién nacido. Es por eso que padre y madre son insustituibles.

"El apego es un proceso y se produce al atender regular y cotidianamente el estrés o el malestar del bebé, desarrollando en él seguridad, confianza y autonomía para enfrentar el mundo." - Chile Crece Contigo

No siempre se establece efectivamente el apego. Existen tres condiciones principales para que se forme el vínculo afectivo:

  1. Suficiente interacción con la madre
  2. Habilidad del niño para discriminar a su mamá de otras personas
  3. Habilidad del niño para concebir a una persona como ser con existencia permanente e independiente

Aquí abordamos solo la primera condición, lo que como papá o mamá podemos hacer. En otro post hablaremos sobre los tipos de apego.

La madre puede ayudar a establecer un vínculo afectivo fuerte. Lo primero que debe hacer para fomentar que el hijo logre establecer el apego es pasar tiempo interactuando con él. La interacción entre madre e hijo debe estar cargada de intensidad afectiva, esto es primordial en la formación del apego. Además, que la madre satisfaga con consistencia y prontitud las necesidades del bebé promueve el desarrollo del vínculo. Será más fácil responder a las necesidades del hijo cuando sus señales son fuertes. Las necesidades del bebé son tanto físicas (cambio de pañal, alimentación, sueño) como afectivas (muestras de amor y cariño).

Las experiencias que promueven el apego:         

  •  Amamantarlo a libre demanda y hasta que madre e hijo así lo deseen
  • El contacto físico y la proximidad, empezando por el contacto piel con piel tras el nacimiento
  • El colecho: cuando el bebé duerme con sus padres
  • Cargar al bebé al hombro, portearlo, mecerlo, arrullarlo
  • Cantarle
  • Alimentarlo
  • Contacto visual, tener interacciones cara a cara y mirarlo detenidamente
  • Cercanía física, besarlo, abrazarlo
  • Jugar juntos

Quién proporciona estos cuidados y afecto e interactúa con el bebé sí hace diferencia para el hijo y la relación con papá y mamá. Es por eso que hay que tener cuidado de qué tareas delegamos y a quién. El hijo, por naturaleza, necesita de su mamá desde el mismo momento en que nace. Necesita olerla, sentirla y reconocerla para empezar a establecer este vínculo que seguirá creciendo a lo largo de los años. Sin embargo, muchos hospitales en México no han capacitado a su personal ni han establecido políticas que fomenten el vínculo afectivo madre-hijo. Al nacer el hijo, muchas veces ni siquiera se lo entregan a la madre inmediatamente, sino que se lo llevan a pesar y limpiar primero. Cuando se lo entregan a la madre, a veces es solo por un breve momento (más breve aun cuando es parto por cesárea debido a que la madre sigue en cirugía tras el nacimiento de su hijo) antes de llevarlos, por políticas de hospital, a pasar unas horas completamente solos en una incubadora, muchas veces sin necesidad médica. En España, por ejemplo, madre e hijo no son separados más que unos minutos (después de que ya ha sido cargado y calmado por su madre) para limpiar y examinar al bebé, instante tras el cual el hijo es devuelto a la madre que todavía se encuentra en la sala de parto para amamantarlo y llevarlo consigo al cuarto. En México, hay que hablar con los doctores y enfermeras para dejar claro que queremos recibir a nuestro bebé al nacer, que no queremos que lo separen de nosotras a menos que sea medicamente imprescindible o que nosotras lo pidamos en algún momento y que no queremos que lo alimenten con suplementos sino que queremos amamantarlo a libre demanda.

Ya en casa, se recomienda que los familiares que quieran ayudar lo hagan con los pendientes de la casa. El papá puede atender a la nueva mamá para que ésta a su vez pueda atender al bebé. La enfermera, a menos que el bebé tenga alguna enfermedad que supere la capacidad de la madre para cuidar de él, no es recomendable pues hace las labores de la propia madre. Si se cuenta con ayuda en casa, sus esfuerzos serán idealmente aprovechados para que la madre pueda encargarse de los hijos. No importa quién hace la sopa, pero sí importa quién alimenta. No importa quién recoge los juguetes, pero sí importa quién juega con los niños.

A mayor número de cuidadores menor fuerza en el vínculo. Imaginemos que la capacidad del niño para formar un vínculo afectivo es un pastel. El pastel lo repartirá entre el o los cuidadores primarios. Lo ideal para su desarrollo actual y futuro es que al principio de la vida el pastel entero se lo entregue a la madre. A partir de los 6 meses de su nacimiento, se puede decir que el bebé prepara un pastel para el padre u otro cuidador primario, sin sacrificar ninguna parte del pastel de la madre. Pero durante los primeros 6 meses, si la madre no puede atender a su bebé cuando éste la necesita y es atendido por otra persona, el hijo entregará una parte de su pastel a la madre y otra al cuidador que también se hace cargo de él. Restando fuerza al vínculo afectivo que puede desarrollar con la madre. Si la cantidad de cuidadores es grande o si no hay constancia en las personas que cuidan de él (por ejemplo, si el niño está en un orfanato o una guardería que no asigna un solo cuidador por bebé), el niño tendrá tal dificultad para repartir el pastel que terminará por no repartirlo. Esto trae repercusiones gravísimas en el desarrollo afectivo del niño, impactando en su niñez y en su capacidad para establecer relaciones afectivas en la vida adulta. Aun después de los seis meses, la figura de apego tiene un rol insustituible en la vida del niño y ha de procurarse la interacción entre ambos.

La ley en México impide el desarrollo del apego infantil. A pesar de que en los últimos 50 años (a partir de la liberación sexual y la llegada de la mujer al mundo laboral) cada vez son menos madres que se quedan en casa al cuidado y educación de los hijos, se puede observar el esfuerzo por parte de los gobiernos de los países para cuidar el bienestar de las familias y sus miembros. Sin embargo, en México tenemos uno de los tiempos más cortos que por ley se dan con respecto a la llegada del bebé: 40 días antes y 40 días después del parto. Las guarderías reciben bebés desde los 40 días, algo impensable en países primermundistas. Si observamos la ley en Europa, Suecia se lleva el trofeo con 480 días (16 meses) compartidos entre padre y madre percibiendo el 80% del sueldo hasta los 390 días y el padre tiene la obligación de tomarse al menos 60 días. ¿Será que no se está planeando a largo plazo con las leyes en México? ¿Será que aquellos países saben algo que para México es aún desconocido? ¿Será que la violencia y falta de compromiso que vivimos culturalmente tiene sus raíces en una infancia arrancada de la vida en familia?

El apego infantil repercute en la capacidad de amar (formar relaciones afectivas sanas) del niño al crecer. Los bebés usan la experiencia que tienen de su cuidador para entender cómo funcionan las relaciones. Desarrollan una plantilla que sirve como guía para relaciones actuales y futuras. Así es como aprenden qué esperar de las relaciones interpersonales. Es por eso que la manera en que un bebé es tratado repercutirá en su propio estilo afectivo. Viéndolo de ese modo, pensar en los niños que son dejados todo el día en la guardería desde el primer mes es escalofriante.

 

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