¿Sobreviviendo o superviviendo en familia?

"Verano. Fin de cursos. Aquí vienen los hijos, ¿y yo qué haré con ellos?". Esta es una de las preocupaciones de muchas mamás que, desafortunadamente, ven con temor la vuelta de los hijos a casa durante el tiempo de vacaciones entre un ciclo escolar y otro. En nuestra competitiva ciudad industrial, Monterrey, las madres suelen buscar campos de verano para enviar a los hijos... a veces para que desarrollen o mejoren alguna habilidad, incrementen su nivel en algún deporte, o se preparen para el siguiente grado escolar. Otras veces para que el niño disfrute experiencias diferentes y en un contexto más divertido y relajado que el escolar. Esto se junta con el que las mamás literalmente no sabemos qué hacer con los hijos en casa todo el día. Me ha tocado platicar con muchas madres que se preocupan por el bienestar familiar y realmente creen que si se quedan los hijos en casa terminarán de la greña entre ellos (los hermanos) y con la propia mamá. Incluso vemos memes del último día de clases ilustrando este pensamiento: maestras felices y madres tristes. Así sucede en esta ciudad, y en muchas. Pero, ¿qué ha pasado? ¿Cómo es que no sabemos mantener una convivencia armoniosa en familia? La respuesta es muy simple: para eso se necesita tiempo, y por supuesto que no hemos tenido tiempo durante el ciclo escolar de organizarnos como familia y de aprender a relacionarnos. Esto lleva práctica. Nuestros roles, nuestros hábitos, nuestra dinámica, nuestra tolerancia, nuestra actitud, todo esta hecho para funcionar de cierta manera. Termina el colegio y cambian las circunstancias drásticamente. Por eso muchas familias buscan replicar las circunstancias durante las vacaciones, sustituyendo los horarios del colegio por los de algún, o algunos, campos de verano con el fin de sobrevivir. 

Sin embargo, yo les vengo a proponer que si está dentro de sus posibilidades eviten saturar a los hijos con actividades. El tiempo de descanso también tiene sus beneficios y pueden aprovecharlo como una oportunidad para fortalecer las relaciones de los miembros de la familia y convivir de una forma que durante el ciclo escolar es casi imposible. Para esto les traigo algunas recomendaciones o tips que pueden ayudarles a sacar jugo a este tiempo juntos.

  1. Acepta que la llegada de las vacaciones supone una pequeña crisis, que es normal y que va a requerir ajustes en la familia.
  2. Ten expectativas reales de los otros miembros y habla de ellas para que los demás las conozcan. Pregunta sobre las expectativas de los otros y aclaren las diferencias. Toma en cuenta, por ejemplo, que si vas a la tienda con los niños, tardarás más que cuando vas sola, y que eso está bien. No podemos esperar que los niños se comporten como adultos, su lenguaje principal y su forma de aprender es el juego. Entender que jugar es una de las necesidades de los niños y que promueve su sano desarrollo nos ayudará a formar parte de sus juegos y respetarlos, en vez de querer erradicarlos de algunos momentos del día. Es inevitable que jueguen, y es muy positivo. 
  3. Entre todos, establezcan reglas y roles para que la dinámica familiar fluya como ustedes quieren. Esta es una gran oportunidad de que los hijos tomen mayores responsabilidades, ya que durante el ciclo escolar no les da tiempo de hacer muchas cosas que las mamás y papás (o la persona que ayuda en el hogar) terminamos haciendo por ellos. Por ejemplo, tender la cama, recoger los juguetes después de usarlos, dejar la ropa sucia en su lugar, alimentar a las mascotas, lavar los platos, sacar la basura... En fin, compartir las responsabilidades de mantener la casa ordenada y funcional. 
  4. Trabajen en hábitos que contribuyan al bienestar familiar. Pueden ayudar a sus hijos a identificar de 3 a 5 hábitos que necesiten interiorizar durante el verano y comprometerse a trabajar juntos en ellos. Como madre o padre, siempre tenemos mucho que mejorar. Aprovecha para identificar hábitos para ti mism@ y fijarlos como objetivo para el verano. Por ejemplo, no gritar, mantener la calma durante aluna crisis, avisar con cierto tiempo de los planes paa que los hijos de puedan preparar, etc. Intenta que los objetivos sean específicos y claros. Pueden incluso anotar los hábitos que cada uno quiere trabajar en algún lugar visible de la casa para recordarlos fácilmente.
  5. Espera roces en la convivencia. Es normal que surjan conflictos entre los miembros si no están acostumbrados a pasar ese tiempo juntos. En vez de querer "apagar fuegos" cada vez que surge algo, aprovéchalo para guiar a tus hijos a resolver ese conflicto y que vayan fortaleciendo y mejorando verdaderamente su relación.
  6. Deshazte del enemigo de la convivencia familiar: la prisa. A veces tenemos algo que hacer y vamos retrasados, no dejes que la sensación de "tener prisa" te consuma. Despacio, que llevo prisa. ¡Repite esto como mantra! Los accidentes y los contratiempos suceden, hay que abrazar estos momentos con filosofía para no sentirnos desbordados. Una cosa a la vez. 
  7. Tranquil@, que cada vez será más fácil. Entre más tiempo pasen juntos, mayores oportunidades tendrán de ir perfeccionando su relación, de mejorar sus habilidades de comunicacion, practicar la paciencia, etc. Es como ir al gimnasio, al principio puede doler porque no estamos acostumbrados a ejercitar ciertos músculos, pero con el tiempo nos vamos fortaleciendo y después ya no nos cuesta tanto trabajo.

Hace muchos años, en una conferencia, escuche una frase que se quedó grabada en mi memoria: "Los matrimonios felices no suceden, se construyen". Pasa lo mismo cuando hablamos de una familia feliz y funcional. Tú puedes hacer mucho por mejorar aquello que no te gusta en tu familia. Pero hay que proponérnoslo. Ánimo, y a trabajar en el proyecto más importante que tenemos enfrente, nuestra familia. 

 

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